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Tarta Pacman: dícese de aquella que sólo llega a las fotos con una porción de menos, demasiado rica para esperar. Sepan disculparnos…

La verdad es que compartir con ustedes una receta de tarta de acelga me daba un poco de calor. ¿Hay algo más pedestre, más comunacho? ¿Quién no sabe hacer una? Y más aún: ¿quién se tienta con una vulgar tartita de acelga, existiendo la delicadísima espinaca que tanto frecuentamos en este blog?

Pues bien. En primer lugar, aquí me planto -nunca mejor usado el verbo- para defender a la pobre acelga; qué digo pobre: la riquísima acelga. Es un error tomarla como la hermana pobre de la espinaca. Son cosas diferentes, con sabores diferentes, texturas más diferentes aún. Pidámosles, entonces, recetas distintas. El dente de una buena penca de acelga no puede superarlo ninguna hojita frágil de espinaca, mientras que ésta es incomparable en ensaladas, por ejemplo.

Ahora, vamos a lo nuestro. Esta tarta de acelgas, más que un twist, tiene un flor de secreto que todo lo cambia. Es un aderezo que de pura casualidad fue a parar al relleno. Sucede que había preparado esta misma mezcla para unas papas al horno (dicho sea de paso, quedaron increíbles: pruébenlo también). Sobró una cantidad importante y, casi sin darme cuenta, terminó reemplazando el simple aceitito impulsivamente. Gracias intuición por este regalo. El resultado es una tarta de acelga, sí, con su queridísimo sabor de siempre… pero una sonrisa extra de fondo, que uno no sabe bien de dónde viene, y todo lo levanta.

La receta haciendo click aquí.

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Yo sé que la mayoría nunca escuchó hablar de la masa madre. Que hacer pan casero es territorio desconocido para muchos, y si encima les quito la levadura, ese territorio es ya una jungla misteriosa. Pero sepan que soy, o era una de ustedes: puesta a elegir entre amasar y escalar el Everest, me calzaba los borcegos de alpinista.. hasta ahora. Y sepan también que hay una catarata de recetas en camino, una más increíble que la otra, y todas gracias al mismo primer paso. Que se llama masa madre.

¿Qué es la masa madre, “levain” o “sourdough”? es un fermento natural, equivalente a la levadura, que hacés en casa con -únicamente- harina y agua. Nada más. La cuidás, la alimentás, la mimás, y con un poco de viento a favor, en unos días tenés la versión natural de la levadura, que además de ser más saludable tiene un sabor único, y es el inicio del pan más rico. Por si fuera poco, podés seguir alimentando tu masa madre casi al infinito, siempre y cuando guardes un poquito cuando la usás: se conserva en la heladera en un recipiente hermético, y la usás cada vez que querés iniciar una receta de panes, pizzas, facturas o masas varias, que, te adelanto, es un viaje de ida.

Tengo que confesar que yo la tuve muy, muy servida. Antes del primer paso mío, hubo varios pasos de una adelantada, una exploradora que hoy merece una estampita en la puerta de la heladera: la colega bloggera y vecina Novivedeensalada tuvo el heroico gesto de regalarme masa madre inicialmente. Así que no tuve mayores desafíos que mantenerla viva (cada día pienso que el fermento corre peligro en mis manos, como las plantas si no las riego; y cada día me doy cuenta de que no hacen falta dedos verdes, es muy fácil). 

Es seguro que todas las recetas que voy a ir compartiendo con esta base pueden lograrse con levadura, sin dudarlo. Pero los invito a que lean el post de Novivedeensalada sobre la masa madre, y se van a dar cuenta de que no es algo tan difícil. sólo requiere un poco de paciencia y otro poco de constancia. Los resultados, insisto, valen la pena, o mejor dicho: valen la alegría. El sabor de las masas hechas con esta base es o-tra-co-sa.  Y cómo levan, cómo crecen, aún con el más inexperto amasador (hola, yo), es impresionante.

Esta primera propuesta con masa madre es casi casi, una pizza en forma de roll. Un espiral pizzero con mucho sabor y en el fondo, hiper fácil de hacer: la única voltereta es preparar el bollo la noche anterior, y despertarte con ganas de desayunar pan caliente del horno. Qué sacrificios. La receta, haciendo click aquí.

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Esta receta dio lugar a una intensa, durísima, ridícula e irreproducible polémica doméstica sobre un tema que nos concierne a todos: ¿cuál es la diferencia entre un alfajor y una galletita rellena? Todos podemos asegurar que las Oreo son galletitas, y un Cachafaz, regio alfajor. No vacilamos ni un segundo. Pero, estrictamente, ¿cuál es el criterio, la línea divisora de aguas, la frontera que regula el límite político?

Piénsenlo bien, es como para hacer pochoclo de neuronas. ¿Es el tipo de relleno? Es cierto, con dulce de leche es alfajor… pero con mermelada o mousse a veces también. El relleno ese blanquito artificial de vainilla es territorio exclusivo de la galletita rellena, eso es seguro. Pero entonces… ¿es el tamaño lo que importa? Mmmm no: hay minialfajores dignísimos. ¿Será la textura de las tapas, su sabor? Frío, frío. Los alfajores de maizena no son menos alfajores para nadie. Hay tapas de alfajor de chocolate y otras casi hojaldradas, y hay galletitas rellenas de todos los colores. 

No pudimos llegar a un acuerdo. Lo que sí logramos con todo éxito fue bajarnos unas setecientas galletitas de éstas, crocantes, sabrosísimas, y unos cuantos alfajores armados en el calor de la discusión, con dulce de leche, con mermelada de guindas, con dulce de leche otra vez…

Así que les debo un alegato alfajoril - galletitero con sentencia final. Lo que tengo para darles, en cambio, es una receta espectacular de Alfajores - Galletitas crocantes y sonantes para compartir. Con o sin relleno, fueron el gran acuerdo de la tarde. La receta, por acá.

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En casa me acusan de imperialista, y temo que a veces tengan razón. Entiéndanme: de Estados Unidos no me gustan las comidas rápidas, las “selfies”, ni la política exterior. No me gustan los hermanos Jonas ni Sarah Palin. Pero lo justo es justo: me encanta el idioma. Disfruto las series bien producidas. Y me gustan, mucho pero mucho, algunas recetas clásicas norteamericanas, como ésta.

Los que hayan probado los muffins de zanahorias (receta de Carrot Cake) o el Banana Bread (budín de bananas) sabrán que no es puro capricho. Son cosas riquísimas. Esta tarta de bananas o Banana Cream Pie es una falta de respeto escandalosa a la versión clásica, como se podrán imaginar. Se puede hacer vegana, sin gluten y hasta raw. Yo les avisé que se anoten la mousse de bananas del otro día: la crema es esa receta, así de fácil, así de saludable. Preparás la masa en un plis plás, y te la comés más rápido aún.  

No digo que sea una tarta tradicional, pero así como la ven, se merece volverse un clásico. Parece una bomba atómica; pero en el fondo es buena. Bueno, no diría “en el fondo” porque justo ahí le puse una capa de dulce de leche casero… pero ustedes me entienden.

La receta de esta tarta de bananas o Banana Cream Pie, haciendo click aquí.

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